Esta semana pasada el gobierno español ha anunciado que destinará 2.100 millones de euros para la modernización de las políticas activas de empleo. Es decir, aquellas centradas en ayudar a las personas a encontrar trabajo. Parece que la modernización de estos programas quiere ser un pilar de los cambios que se quiere introducir en el mercado de trabajo.

La primera sorpresa es que para mejorar el mercado de trabajo no se hace referencia a un cambio en la regulación laboral que permita combatir la inestabilidad y la precariedad; o un cambio en la fiscalidad; o un cambio en los sistemas de protección. El cambio, según leo, vendrá porque evaluarán la eficacia de estas políticas públicas y se acondicionarán al cumplimiento de unos objetivos. Me imagino que objetivos en términos de inserción laboral.

Una cosa está clara, esta forma de plantear el problema del desempleo señala como culpables unos programas con una metodología ineficaz. El objetivo entonces, entiendo que será buscar nuevas metodologías, más innovadoras, que permitan una presión más eficaz sobre las personas desocupadas. Para que acepten unos puestos de trabajo precarios o inexistentes. Quizás debemos escuchar a Saul Karsz cuando en tono provocador apunta, aunque cueste creerlo, el gran éxito de la acción social. Dice que si bien es cierto que la acción social sólo consigue paliar escasamente los efectos de un capitalismo salvaje, su gran éxito es su eficacia a nivel ideológico. Logrando que las personas sobre las que actúa construyan una representación del problema social que en realidad las fija en el problema, culpabilizándolas. Evidentemente, con la colaboración inestimable de los profesionales y programas implicados. Un ejemplo claro lo encontramos con la mayoría de políticas activas de empleo como las que ahora se anuncian. En realidad sólo consiguen reducir un porcentaje pequeño del paro, de forma puntual y en precario. El justo como para que las empresas dispongan de un mercado de trabajo dinámico con mano de obra dispuesta a trabajar a cualquier precio. Pero si que logran importantes resultados es al cambiar la representación de las personas hacia el mercado de trabajo. Naturalizando un funcionamiento del mercado laboral salvaje. Aceptando la culpabilización que los señala. Como decíamos: una cuestión de ideología. Quizás debemos aceptar que la antigua promesa de inclusión social a través del trabajo ya no se aguanta. Hace poco se ha publicado en Barcelona Metrópolis un interesante dossier llamado Los futuros del trabajo donde diferentes expertos aportamos un poco de luz en relación a hacia dónde apunta eso que llamamos trabajo y que llena un tercio de nuestra vida. Es una buena lectura para entender que la relación actual con el trabajo no es una cuestión de nuevas metodologías, sino de nuevas preguntas. Darnos la oportunidad no pensar en cómo encontrar un trabajo sino en el sentido de trabajar.

Xavier Orteu – abril 2021

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