You are currently viewing Presencial/distancial”: ¿oposición o dialéctica?

Educación y formación, trabajo social, terapia, reuniones de equipo, agrupaciones: estas diferentes situaciones tienen en común hoy, probablemente durante muchos meses, une alternancia presencial-distancial, y de más en más el privilegio de este último en detrimento del primero. Por el momento, en este tipo de contextos la presencialidad aparece más bien como una excepción. Situaciones incómodas para una parte significativa de los actores, docentes y estudiantes, profesionales, pacientes, asociados. Se los describe en términos de gran insatisfacción, aislamiento, ruptura de lazos, fatiga, insoportable distancia física, simbólica, incluso “humana” debido a la distancia impuesta por la telemática, el tele-trabajo, la tele-conferencia, el tele-cursos, la tele-evaluación, e incluso la tele-vida …

Proponemos aquí algunas puntuaciones que podrían ayudar a esclarecer estas cuestiones. Especialmente la elección supuestamente exclusiva de uno u otro de estos dos soportes de trabajo.

Empecemos por lo que se llama presencialidad. Contrariamente a una representación ingenua, no hay presencialidad sin distancia, sin intervalos físicos reales, simbólicos e interpersonales. Ni tampoco sin varios y variados distanciamientos sociales. Puesto que no se trata de fusionarse hasta formar una entidad indivisa, la presencialidad supone todo suerte de diferencias, divisiones y escisiones: según las jerarquías, capacidad ou incapacidad en la toma de decisiones, derecho de hablar y obligación de callarse, monopolizar la palabra o tomar nota para repetir lo que se ha entendido, discursos que estipulan lo que se debe hacer o evitar, les comportamientos que se deben tener o que se prohíben, responsabilidades e irresponsabilidades, capacidad de aplicar sanciones. Una inverosímil cantidad de potentes conveniencias y convenciones organiza la presencialidad. Se trata de un espacio que se presta fácilmente a controles y a menudo a una vigilancia meticulosa. Ejemplo casi cómico de los siniestros guardianes que deambulan por las salas de examen en busca de un enemigo inevitablemente malicioso. Otros ejemplos: reuniones y asambleas donde muchos asistentes participan fingiendo estar participando, de cuerpo presente y de mente vagando en lejanos universos. Ejemplo de pacientes que acumulan anécdotas crujientes, atrevidas, transcendentes o intrascendentes, pero sin jamás exponer sus sentimientos, ansiedades y singulares intimas. A veces, la presencialidad consiste en una yuxtaposición de meticulosas ausencias.

En cuanto a la modalidad distancial, se trata de una denominación inapropiada (y un poco bárbara las lenguas latinas), construida sobre la pura y simple inversión de la presencialidad. La modalidad distancial radicaría en la ausencia de presencialidad, sucedáneo nostálgico de una presencialidad idealizada que supuestamente debería estar allí. No designa lo que realmente es, lo que realmente pasa, sino más bien lo irrealizable, la ausencia que desconsuela a quienes deben utilizarlo. “Distanciel” es denominación por defecto que avanza en marcha atrás. Sin embargo, lo mínimo que cabe decir es que lo distancial desritualiza múltiples usuarios de la presencialidad, sobre todo aquellos que nunca imaginaron que esta modalidad podía no ser exclusiva. Lo distancial enfatiza explícitamente escenas de alejamiento interpersonal, de cuerpos carentes de profundidad, de procedencia y subordinaciones: todo ello, filmado por el video y grabado por el audio. Uno y otros presentan claras imágenes de distanciamiento y abruptos sonidos incongruos, muestran tics, sonrisas, nerviosismos, indiferencias y seducciones mucho más cruelmente que las modalidades presenciales. Estas imágenes se hallan igualmente presentes en la presencialidad pero a manera de trasfondo: ¡a distancia, precisamente!En definitiva, el trabajo en presencial y en distancial funcionan como espejos inversos. Todos o casi todos los atributos negativos de uno se convierten en atributos positivos del otro, y viceversa. Se trata de esos círculos que, decía Ionesco en La Cantante calva, a fuerza de acariciarlos se vuelven viciosos.¿Estamos diciendo que todo es lo mismo, presencialidad=distancial, y recíprocamente? ¡Ciertamente no! Cada modalidad acredita características ad hoc, tan exclusivas como sus ventajas y sus inconvenientes respectivos. De hecho, son diferentes. Pero ningún tribunal superior autoriza a declarar una de estas modalidades superior o inferior a la otra – de manera objetiva, al menos.

Más interesante: en los dominios profesional citados, los usuarios pueden trabajar tanto en presencial como en distancial de manera dinámica, animada, creativa. Pueden no sentirse abrumados por una u otra de dichas modalidades, pueden no ceder al espejismo según el cual una de las modalidades es natural y la otra artificial. Es perfectamente posible ir más allá de una oposición simple, término a término. A condición de no modelar una sobre la otra.

La modalidad distancial no detiene el monopolio del espaciamiento, de los cuerpos inconsistentes, como tampoco el presencial tiene la exclusividad de la proximidad, del encuentro con “E” mayúscula. Ambas igualmente “Humana” e “inhumana” – dos adjetivos tan vagamente conmovedores cuanto profusamente vacíos de significado. Porque no hay prototipo y, por lo tanto, no hay ni original ni por tanto copia. Hay más bien hábitos y anquilosis a los que uno se aferra o bien lecciones que se pueden extraer de cada modalidad para invertirlas en la otra: técnicas compartidas, lógicas recíprocas. Está en juego un invento doble o, si se prefiere, dos invenciones singulares. ¿Aceptamos o no asumir riesgos, trabajar con los usuarios ni mejor ni peor: de manera peculiar?

No pretendemos en absoluto que estas observaciones esclarecen todo. Sirven a puntuar ciertas dificultades no enteramente reales. Dificultades que no se deben a la modalidad presencial o distancial de la enseñanza, de la intervención social o de la terapia sino, ante todo, al profesional y a los equipos obligados de intervenir con ellas. Cuanto más estas dificultades se sitúan exclusivamente en la configuración distancial, menos el sujeto abandona la nostalgia de lo que imagina hacer cuando trabaja en presencial. El predominio contemporáneo del distanciel en ciertas profesiones obliga a reconsiderar la prácticas presenciales, actuales o futuras. Estamos invitados a menos idealizarlas. Aún más, varios índices convergentes subrayan que el distancial está destinado a durar, mucho más allá de la actual socio-pandemia. Es probable que el llamado distancial se perpetúe, como una constante, junto al llamado presencial. La revisión crítica de una y otra de estas modalidades perfila su posible complementariedad, abriéndose así a estrategias innovadoras. Se necesita pensar de la manera la menos anecdótica posible, para identificar cuidadosamente las características objetivas de cada componente y las perspectivas subjetivas abiertas a los profesionales. De hecho, es un enfoque dialéctico del que estamos hablando. ¡Como siempre!

Saül Karsz – abril 2021

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