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Espacio Español

Este espacio presenta algunas traducciones de documentos en francés que figuran ya en este sitio, – y sobre todo, contribuciones originales, orales o escritas en lengua española. Artículos, relatos clínicos, discusiones, conferencias, etc.: todo material publicado puede ser comentado, criticado, anotado sobre los márgenes, mejorado…

 Con placer, si usted lo desea, anunciaremos actividades y proyectos de vuestra región, en relación con las orientaciones de Pratiques Sociales,
 Quedamos siempre disponibles para todo intercambio por mail, por teléfono o por Skype. Y para toda contribucion de vuestra parte!

Claudine HOURCADET, secretaria general – claudine.hourcadet@pratiques-sociales.org

Saül KARSZpresidente – saul.karsz@pratiques-sociales.org – Réseau Pratiques Sociales – Red Prácticas Sociales

 

Usted encontrará más abajo :

  • un articulo de Nicolas Lobos sobre la pelicula « La chica danesa »
  • un texto de Saúl Karsz¿Supremacía del individuo y crisis del colectivo?  (18/08/14)
  • un texto de Nicolas Lobos sobre la película « El Erizo » : La pecera y la cueva o quien cree en el psicoanálisis ? (13/05/14)
  • un artículo de Saúl Karsz“Lo que es histórico está condenado a cambiar” (08/09/12)

La chica danesa (The Danish girl, Tom Hooper, 2015)

Reflexiones en torno de la película « La chica danesa » por Nicolás Lobos

Sobre la película “La chica danesa” me gustaría presentar tres hipótesis: 1. Que no es tanto la historia de la chica danesa cuanto la de su mujer, una pintora (Gerda Wegener) y de lo inquebrantable de su amor. 2. Que no es tanto la historia de una operación transgénero cuanto la afirmación de aquella frase de Oscar Wilde “la vida imita al arte”.  3. Que no habilita tanto las posiciones de los sectores más radicalizados de la comunidad LGTBI cuanto senderos interpretativos alternativos y para nada lineales.

La película también es –obviamente- dos cosas: 1. La historia de la estupidez, la soberbia y la crueldad de las sociedades europeas en general y de los médicos en particular, a principios del S XX, hacia las personas con una sexualidad no normalizada. 2. La reivindicación sin atenuantes del derecho a que cada cual haga con su cuerpo lo que le plazca.

La chica danesa (Lili Elbe) es una persona nacida varón (Einar Wegener), también pintor, que habita una profunda melancolía donde se obstina en retratar incansablemente el mismo paisaje, el de su infancia: un pantano perdido de Dinamarca. Con ese motivo, con esos cuadros, tuvo su éxito, -es cierto- pero no sale de allí, de esa añoranza que la acuna y de esa pesadumbre que la ancla. Atormentado por el problema metafísico de “ser una mujer de verdad” (agregamos: problema simétrico al de “ser un hombre de verdad”), Einar siente que ha nacido “en un cuerpo equivocado”. Su ternura nos convoca a acompañarlo hasta el final en su deseo de absoluto, nos convoca a compartir una honestidad que no es de este mundo, no porque no sea frecuente, sino porque tiene su lugar en otra escena. La noche –hacia el final de la película- en que Lili sueña su sueño de nacer de nuevo -y esta vez como mujer-, de nacer a una madre que mira con amor a su bebé y la llama “Lili”, es la noche anterior al día en que muere, en los brazos de Gerda, que la llama, con toda la ternura y devoción de que este mundo es capaz, “Lili”.

Einar/Lili no cede en el implacable deseo de querer volver al principio y que todo sea diferente, deseo gemelo del deseo de fundar el mundo de nuevo. Einar/Lili cumple ese sueño –de una manera efímera pero real- y sólo lo logra (al final cambia su sexo mediante una serie de cruentas operaciones) porque a lo largo de los años es pintado/a por el pincel de su esposa, Gerda. Ella pinta su belleza femenina y su fortaleza heroica, ella pinta su tozudez y su decisión, ella pinta su valentía excepcional para operarse y transformarse –definitivamente por unas horas- en una mujer. El pincel va trazando su futuro. Su vida es una coproducción de su deseo y del pincel de su esposa.

Decíamos, por último que no debe ser la película abanderada de los sectores más radicalizados de la comunidad LGTBI porque cuando Lili dice en un momento “no quiero pintar, quiero ser una mujer” Gerda le responde: “puedes ser las dos cosas”. Parece querer decirle, “no es que no sea importante ser una mujer sino que no es menos importante aquello que puedas pintar ubicándote como mujer”. Se podría decir que –aparte del apoyo- Gerda también le señala salidas a la posición metafísica patriarcal, esa interminable perorata sobre el Ser. Algo así como: “no se trata de obsesionarse tanto con la oposición binaria hombre-mujer cuanto de desplegar la dialéctica entre la práctica y su producto, entre el pintar y la imagen pintada, entre el hacer y ese –siempre evanescente- imaginario del “ser”. El último reducto de la religión y de la fe, es creer que existe algo así como “el hombre” y “la mujer”, que existe algo así como “el hombre de verdad” y “la mujer de verdad”.

 

¿Supremacía del individuo y crisis del colectivo?       

Existen diferentes maneras de abordar un tema, sobre todo si éste comprende múltiples aspectos, dimensiones imbricadas y, además, da lugar a amplios consensos en los medios más diversos. Dos de esas maneras merecen atención aquí. Se puede, en efecto, describir con cuidado el tema propuesto, especificar sus características, comentar sus incidencias, en resumen confirmar que se trata de una realidad tangible. Olvidando, sin embargo, que toda lectura es interpretativa, incluso cuando se pretende literal… Se puede, en cambio, superar el estadio de la descripción, interrogar las nociones utilizadas, identificar los presupuestos, trazar perspectivas. No conceder de entrada que el tema es evidente y que sus términos van de suyo: condición sine qua non para intentar saber de qué se habla precisamente y sobre qué se trata de intervenir exactamente. Tal es el punto de vista del presente artículo. Esperamos mostrar, al cabo de nuestro recorrido, que lo que en principio aparece como un problema a resolver consiste de hecho en un síntoma a interpretar. Si hay un problema, no es el que se supone. Semejante desplazamiento favorece el trabajo clínico, al menos en el dominio social y médico-social.                                                                            Haga clic aquí para la continuación

La pecera y la cueva o quien cree en el psicoanálisis ?

Reflexiones en torno de la película El erizo[1]     Por Nicolás Lobos

 “Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té”. Alejandra Pizarnik

Paloma  va a cumplir doce años y ya es ferozmente consciente de lo absurdo de la vida y de la vacuidad del mundo burgués. Sus padres, y la acomodada fauna adulta que la rodea, habitan –según su opinión- en peceras. Sus vidas tienen una gran similitud con la del pececito Hubert, propiedad de su hermana Colombe.

La pecera podría ser definida como un espacio de reclusión, protección y exposición a la vez. Señala esa limitada, pequeña, encapsulada existencia burguesa, que es -al mismo tiempo- segura, aislada, e interminablemente expuesta a la mirada -y al control- de los demás. Esa existencia tensionada por todo tipo de mandatos, modelos y arquetipos sociales horroriza a la niña. Qué es ser una buena madre, qué es ser una buena hija, qué es ser una buena portera, qué es ser una persona rica políticamente correcta…. Paloma no se resigna a aceptar esa existencia compelida a cumplir el destino “que está escrito en la frente” –como gusta decir-. Lo inevitable y previsible, seguro y asegurado, repetitivo y aburrido de la existencia que hace sentido… común. “Sé que el destino final es la pecera -dice Paloma- pero lo que es cierto es que a la pecera no voy a ir”. La pequeña decide suicidarse el día de su cumpleaños. Pero mientras tanto –restan 165 días- va a filmar ese mundo con su pequeña cámara para dejar documentado lo absurdo de la existencia…. la de ella, la de todos.                                                                               Haga clic aquí para la continuación

 

“Lo que es histórico está condenado a cambiar”

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Saül Karsz

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